El Mundial 2026 apenas va arrancando y, desafortunadamente, ya tuvimos el primer tropezón que la FIFA tanto quería evitar. Durante la segunda mitad del partido entre Suecia y Túnez en el Estadio Monterrey, el infame “grito prohibido” resonó con fuerza en las tribunas, comprometiendo el ambiente festivo que se venía viviendo en tierra de Nuevo León.
El incidente ocurrió específicamente en la cabecera norte del inmueble, una zona que estaba repleta de aficionados que apoyaban al conjunto africano. Aunque el sonido fue clarísimo para todos los asistentes, el cuerpo arbitral aplicó la de “aquí no pasó nada”, decidió no detener el encuentro y el juego continuó con normalidad, posiblemente esto sea porque ninguno de las escuadras es hispanohablante.
La primera vez que se escuchó la expresión fue minutos antes de que el delantero sueco Victor Gyökeres anotara el tercer gol del partido. Pero la cosa no se quedó ahí. El inoportuno momento se repitió alrededor del minuto 73 de juego, justo en un saque de meta del portero de Túnez.
A pesar de la insistencia, el árbitro central decidió no activar el famoso protocolo antidiscriminación (ese que incluye pausar el partido, mandar a los jugadores al vestidor o, en el peor de los casos, suspender el juego).
Por eso, lo ocurrido en Monterrey enciende las alarmas al convertirse en el primer caso documentado de esta conducta en lo que va de la justa mundialista, reviviendo un fantasma que el futbol mexicano conoce muy bien y que la FIFA lleva años intentando erradicar.
Que el árbitro no haya parado el partido en el momento no significa que Túnez (o los organizadores) la vayan a librar limpios. Los organismos disciplinarios de la FIFA suelen revisar con lupa los reportes de los comisarios del partido y las transmisiones de video después del silbatazo final.

