
Por Lama Dekaza/Júpiter Noticias
Desde hace años escuchamos hablar de austeridad. En teoría, esa idea nació para que el gobierno gastara mejor, evitara lujos innecesarios y usara el dinero público con responsabilidad. Hasta ahí, muchas personas estuvimos de acuerdo.
El problema empezó cuando ese mensaje dejó de ser solo para quienes gobiernan y se convirtió en algo que ahora se nos pide a las familias. Poco a poco, el discurso cambió: ya no se trata solo de cuidar el gasto público, sino de decirnos cómo debemos vivir.
Hoy se nos repite que no hace falta tener más cosas, que si ya hay zapatos no se necesitan otros, que si la carne está cara, siempre se puede comer frijoles. Como si conformarse fuera una virtud y no una consecuencia de que el dinero ya no alcanza.
Pero una se pregunta, desde la experiencia diaria:
¿no deberíamos aspirar a vivir mejor? ¿No se supone que el esfuerzo, el trabajo y los años deberían servir para mejorar la calidad de vida de la familia?
Quienes hacemos el súper, pagamos recibos y estiramos el gasto sabemos que no se trata de lujos, sino de lo básico. Comer mejor, vestir con dignidad, tener un poco de tranquilidad. Eso no es ambición exagerada, es sentido común.
Lo que más desconcierta es ver que este llamado a “vivir con menos” no parece aplicarse a todos por igual. Mientras a la gente común se le pide apretarse el cinturón, se conocen casos de personas cercanas al poder que viven con muchas comodidades, viajes y privilegios. La austeridad, entonces, no se siente justa.
Cuando solo el pueblo tiene que ajustarse y acostumbrarse a la escasez, la austeridad deja de ser un valor y se convierte en una carga. No es parejo, y cuando algo no es parejo, tampoco es correcto.
Un país no sale adelante pidiéndole a su gente que se resigne. Sale adelante cuando el trabajo alcanza, cuando las cosas mejoran y cuando vivir mejor no se ve como algo malo, sino como el resultado natural del esfuerzo.
Porque aprender a vivir con menos no debería ser el objetivo.
El objetivo debería ser que, con trabajo y honestidad, alcance para vivir mejor.

