Tras décadas de hipótesis, filtraciones fallidas y teorías conspirativas, la agencia sostiene que el grafitero que convirtió el esténcil en fenómeno global habría nacido como Robin Gunningham y que, para proteger su anonimato, habría vivido durante años bajo un nombre aún más común: David Jones.
De acuerdo con Reuters, la identidad de Banksy no es fruto de una corazonada, sino de una investigación de varios años basada en tres pilares: documentos judiciales, testimonios de personas cercanas y el análisis minucioso de episodios clave de su actividad artística.
El trabajo periodístico afirma “fuera de toda duda razonable” que Banksy habría nacido como Robin Gunningham, en Inglaterra, para luego adoptar una identidad funcionalmente invisible: David Jones, un nombre elegido precisamente por su banalidad en los registros. De acuerdo con la investigación, ese alias le habría permitido moverse sin levantar sospechas, incluso en entornos donde el fenómeno Banksy ya despertaba interés mediático, persecución policial y la mirada codiciosa del mercado del arte.
Reuters subraya que la clave del rompecabezas está en la coincidencia entre la ruta vital de Gunningham Jones y la geografía de las intervenciones de Banksy: barrios, fechas, desplazamientos y círculos de amistades que, al superponerse, dibujan un mapa casi calcado al de las obras atribuidas al artista.
La agencia reconstruye además episodios de su entorno personal que encajan con momentos en que aparecieron piezas emblemáticas en ciudades específicas, consolidando su hipótesis de que, detrás del mito, hay una biografía rastreable.
Esta no es la primera vez que alguien asegura haber desenmascarado a Banksy. En 2016, un estudio estadístico basado en técnicas usadas por la policía para localizar criminales ya había apuntado a un inglés llamado Robin Gunningham como el posible autor de las obras, hasta el punto de que su autor, el biólogo Steven Le Comber, decía que se “sorprendería” si no fuese él.
Aquella aproximación, sin embargo, se movía en el terreno de la probabilidad y nunca llegó a cerrar el círculo biográfico que ahora Reuters reivindica como su principal aporte.
Cuando Los Simpson lo integraron en su secuencia de apertura, con Bart escribiendo en el pizarrón “no escribiré sobre los muros” y un espectacular intervenido con la firma del grafitero, Banksy pasó de ser un mito del under a figura consagrada en el imaginario global.
Lo que distingue a la nueva investigación es la combinación de registros oficiales, voces del entorno y el cruce sistemático con el rastro de las obras. Aun así, el reportaje deja abierta la pregunta clave: ¿basta con esa evidencia para desmontar un personaje que, desde el inicio, se construyó precisamente sobre la ambigüedad de la identidad?

