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jupiternoticias.com > Opinion > SÉPTIMO DURO: Alberto Enríquez y su laberinto en la huasteca potosina
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SÉPTIMO DURO: Alberto Enríquez y su laberinto en la huasteca potosina

SÉPTIMO DURO: Alberto Enríquez y su laberinto en la huasteca potosina

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Last updated: marzo 25, 2026 8:21 pm
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Por Lucas Lucatero/Júpiter Noticias

Recuerdo bien que Alberto Enríquez llegó a mis manos, metonímicamente hablando, gracias a Tere Villa; amiga psicoanalista, por cierto, muy buena en su profesión, quien lo conoció en la turbulenta década de los ochenta en la Facultad de Psicología de la Autónoma de San Luis Potosí. Alberto estudiaba Odontología y dio su baja ante la falta de vocación para inclinarse por el estudio de la psique (como yo cuando estuve en las filas de la Facultad de Química en Zona Universitaria y que gracias a Luzbel no acabé). Tere me prestó un libro de cuentos, cuyo título es bueno y aún después de casi diez años no olvido: De cuerpo entero. Malgasté, como suelo hacerlo, el tiempo y casi una década después, en 2016, cuando supe de la huella y la importancia del taller de Miguel Donoso en San Luis Potosí; ya estudiaba Literatura Hispánica en la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM, ya me tomaba la literatura como desmadre (antes sólo era aficionado y hay una gran diferencia entre ser aficionado y desmadrar, con perdón de ustedes, a la literatura); le planteé la idea a Chente Acosta, Premio 20 de Noviembre, de irnos hasta Ciudad Valles, donde sabíamos que Alberto se protegía en un laberinto de hierbas, café, platanares y curanderos huastecos, para entrevistarlo. Pasó el 2017, llegó el 2018 con una depresión, producto de una ruptura amorosa que casi me orilló a tomar antidepresivos, mi única salida fue la literatura. Así aterrizó el arcángel Alberto. Un mes antes de la Feria Internacional del Libro del Zócalo le escribí por Facebook a mi amigo, el escritor huasteco Xichich (Isidro Bautista) para que me hiciera el paro de comentarle a Enríquez algo relacionado. No se negó, pero como Alberto no tiene Face, me contactó con el poeta vallense y discípulo suyo Juan José Valdespino, ahora también mi amigo. Entonces todo se acomodó. El 13 de octubre de 2018 Alberto presentaría su libro Poemas para una conejita nocturna y sucia en el Museo del Estanquillo y como actualmente resido en el DeFectuoso, fue como anillo al dedo. Reproduzco aquí la primera parte. En la segunda, describiré las impresiones que me dejó mi maestro Alberto, junto con el resto de su diálogo.

LT. A ver, Alberto, me podrías platicar tus orígenes, de dónde vienes, cómo empiezas desde Aquismón.

AE. Bueno, mira, yo de hecho nací en Aquismón, pero nos fuimos a Valles cuando yo tenía un año, y bueno, ya viviendo ahí, en la secundaria un hermano mío comenzó a escribir algunas pequeñas reflexiones que, a lo mejor, tenían poco valor, pero yo era su confidente y para él eran muy sensitivas. Había muchos libros en la casa, sobre todo de los de José Agustín, La Tumba, por ejemplo, Rulfo; muchos europeos…él leía mucho; en aquel entonces en secundaria realmente nos hacían leer de pe a pa, La Ilíada, La Odisea, La divina comedia, El Decamerón. Eran aquellos libros de Porrúa, con una letra diminuta y a dos columnas. Ese gusto por la lectura se dio a raíz de la pequeña biblioteca casera de mi hermano. Después escribí a escondidas. Lo que sucede es que llego a San Luis a estudiar Médico Cirujano Estomatólogo y pues ahí busco algo extra: me metí a un taller literario de la Universidad Autónoma con Joaquín Antonio Peñalosa y aprendí muchísimo; Peñalosa, aparte de ser sacerdote, era un hombre muy crítico y críptico en sus escritos. Después estuve con Juana Meléndez y con Loredo León. Juana era un poquito más sarcástica y crítica, creo

que fue la más adecuada para mi formación. Después estuve en el taller de la Casa de la Cultura, con Miguel Donoso, donde metí un cuento. Ahí había gente como Nacho Betancourt, David Ojeda, Armando Adame, Félix Dauajare, muchísima gente ya formada literaria y lingüísticamente…Respecto a mi cuento, no sé si para bien o para mal, pero el maestro hizo el primer comentario: “parece que tenemos un genio aquí…bueno, los genios no existen, ni siquiera es un geniecito”. Tenía razón. Iba empezando. En ese taller, realmente la crítica era, ¡uffff! A morir, o sirves o no sirves, el análisis era exhaustivo. Nos empapamos de todos los formalistas rusos Todorov, después Jakobson, Barthes, Greimas… ¡Imagínate, tres años de taller literario! Y yo dure cinco años en el taller…

LT. ¿Ahí en San Luis [Potosí]?

AE. Así es, compartí San Luis con Aguascalientes…yo no me conformaba con los quince días que Donoso impartía en San Luis, entonces me iba a Aguascalientes donde también daba un taller Donoso y me iba hasta allá: un sábado y domingo en San Luis y un sábado y domingo en Aguascalientes. Supongo que eso me ayudó mucho más. Empecé a escribir cuento, pero después, a escondidas y comentando los poemas de los demás, comencé a escribir poesía. Terminé un libro de poemas, y escondidas, porque teníamos prohibido enviarlo a concursos, lo mandé a Yucatán, al Premio Nacional Fundación de Mérida y resultó ganador, a nivel nacional. Los jurados fueron Raúl Renán y Efraín Huerta…y de los otros no me acuerdo…

LT. Bueno, ya con Raúl Renán y con Efraín es suficiente.

AE. Excelentes jurados. Entonces de regreso a San Luis, el maestro en lugar de regañarme le dio mucho gusto, y dijo “¡Qué bueno, el enemigo nos está premiando!”… por cierto, continué escribiendo poesía, pero mi fuerte era la narrativa.

LT. Platícame más de este taller donde nada más y nada menos lo integraba David Ojeda, tú, que hoy en día eres de los grandes de San Luis Potosí…

AE. Sí, Armando Adame, Nacho Betancourt, David Ojeda que después ganó el Premio Casa de las Américas, estaba Lilia Martínez, excelente cuentista, este César Porras…

LT. ¿Cómo era la interacción entre ustedes, que en ese tiempo tenían veinte, veinticinco años, me imagino? ¿No?

AE. Ehh…menos Félix Dauajare que ya había sido presidente [municipal] de San Luis y ya había terminado su carrera de filósofo, pero aun así pensaba como los jóvenes y era muy crítico…luego llegó Pilar Soberón, Isabel Galán y Gabriela Díaz de León, cuentistas. La dinámica era llevar un texto, repartirlo a los compañeros y lo comentábamos entre todos y después Miguel Donoso Pareja daba una última opinión o sugerencia para que el texto se repensara, se dejara descansar y se reescribiera. Y nos acordamos de Roland Barthes cuando dice que el que reescribe el texto es el lector, ahí nosotros éramos nuestros propios lectores entre todos. Era una crítica, como ya lo dije, muy severa, con argumentos teóricos y lingüísticos; a veces la gente iba a una sesión y ya nunca regresaba, entonces Miguel decía “¡Qué bueno que ya no vino, nos salvamos de alguien que no sirve!”. Así transcurrió el

taller. Después me ponen a coordinar el taller literario nacional de la Casa de la Cultura de San Luis Potosí, estuve tres años y luego el taller literario del Instituto de Bellas Artes de Tampico, otros tres años, luego el taller literario nacional de la Casa de la Cultura de León, Guanajuato, de donde salieron magníficos escritores, todos ellos con un estilo genuino. Toda esa experiencia me ha servido para el análisis actual que hago, pero también me ha servido para fortalecer mi propio estilo, porque he trabajado con gente muy joven, con propuestas literarias y aportaciones lingüísticas nuevas. Ha valido muchísimo la pena.

Posteriormente de Fatiga azul de marinero, que fue el primer premio en Mérida, Yucatán, vino De cuerpo entero, que lo publicó Tierra Adentro, esto por parte del taller, después Esto puede ser verdad, en coautoría, publicado por la UNAM, estamos cuatro escritores ahí…

LT. ¿Potosinos?

AE. Sí, potosinos. Después viene Declaro sin escrúpulos, también de la UNAM, donde ya se incluyen potosinos y de otros talleres del país. Y a partir de ahí hasta la fecha…son dieciocho libros los que tengo publicados y dos inéditos en los que trabajo: uno sobre Ayotzinapa y otro sobre cuentos eróticos. Otro donde soy antologador, es de los chavos del Tec de Ciudad Valles, donde daba clase, siempre les enseño a aprender a aprender, aprender a pensar y aprender a escribir.

LT. Tú que eres un protagonista, le pese a quien le pese, de la literatura potosina, ¿qué opinas de los últimos veinte años? ¿Se ha estancado? ¿Por qué no hay un cierto “renombre” como lo tiene la literatura sinaloense, la literatura de Jalisco, la de Tijuana o la chilanga? ¿A qué crees que se deba? ¿Será que nos hace falta otro taller como el de Miguel Donoso? ¿Qué piensas?

AE. Creo que hace falta más apertura y criterio, eh… menos protagonismo, porque, por ejemplo, los pequeños o grandes monstruos que salieron de aquel taller ya se han institucionalizado de manera exagerada. Cuando muchos de ellos pertenecían al PC [Partido Comunista] y comían en una gran cacerola todos con una sola cuchara, ahora andan de traje y en carros de último modelo. Entonces yo pienso que lo que hace falta es un mayor compromiso con la realidad que padecemos. ¡No seguir colgado de los cuernitos de la luna!

Sí hacen falta talleres con mayor nivel crítico, hace falta ser más selectivo y elitista, porque la poesía, queramos o no, es elitista. O sea, un signo, una imagen, una metáfora y un símbolo, no vas a interpretarlo por algo común, se necesitan precedentes reales, culturales, académicos para descifrar estas cuestiones. Al leer los poemas de Neruda, que aparentemente son tan amorosos, pero por ejemplo cuando Neruda dice “rayo la luz”, pocos son los que entienden de que habla de un colibrí; cuando dice “blanca leona rugiente”, la gente dice “Ah, es una leoncita que anda rugiendo en el monte”, ¡no, es una cascada! Entender este tipo de cosas, aunque sea en textos un poquito digeribles; como los poemas de Pablo Neruda, sin menospreciarlo, obvio es excelente; eso nos favorece el nivel crítico actual. Además, las lecturas actuales han cambiado, me refiero a que mucha gente ya no lee los textos originales, sino síntesis. No leemos. Es la verdad. Vemos que, por ejemplo, una revista…no sé, Vanidades, el tiraje es de…no sé, quince millones a la quincena y todos se venden, y un libro excelente de los últimos escritores…¡híjole!, quinientos libros no se venden en diez años, estoy exagerando un poco, pero es la verdad. Yo creo que son cuestiones

que siempre se han manejado como fallas de origen: cuestión educativa, sistema educativo mexicano. Preparar al modelo educativo para el siglo XXI, construir aprendizajes no solamente formar cuadros específicos que el sistema tiene adormilados para beneficiarse de ellos. Considero que un sujeto cognoscente se debe de apropiar del objeto de conocimiento, interactuar con él y con base en esto crear nuevos parámetros de interpretación, que es lo que requiere la literatura. Pero hoy en día hay una apatía física y psicológica generalizada y lo más fácil es estar en el celular y las redes sociales.

LT. Oye, pero concretamente, en la literatura potosina, ¿crees que esté afectando mucho esto de “las mafias”?

AE. De hecho, no es mafia, es un canibalismo que ya se ha hecho de manera individual. Realmente ya no se está fortaleciendo el recorrido evolutivo histórico de la literatura en el país, sobre todo de la literatura potosina; sino que ésta ya está supeditada a cumplir con un taller literario, pero sin tener una verdadera crítica o una fuerte fundamentación teórica. También se debe de exigir un compromiso a los seleccionados; o sea, si el sistema me está pagando como coordinador de un taller, si tengo gente, me sigue pagando, entonces yo admito cantidad en lugar de generar calidad. Yo prefiero un escritor que se internacionalice a tener veinte millones mediocres…

LT. Perdón que te interrumpa, ¿tú sabes que ya hay en San Luis Potosí una facultad que imparte la licenciatura en letras? ¿Qué opinas, se debería de estudiar formalmente a esta generación a la que perteneces, no sé si llamarla la Generación Donoso Pareja?

AE. Sí, creo que es perfectamente admisible que se estudie formalmente, porque de algún modo revolucionó toda una etapa…

LT. Dentro del estado…

AE. No sólo en el estado de San Luis Potosí, sino también a nivel internacional porque de ahí surgieron muchísimas antologías: la de Gustavo Sáenz, Jaula de palabras, donde estábamos nosotros, incluso ese libro fue texto obligatorio para bachillerato aquí en la Ciudad de México. Entonces si esa importancia se le dio a la literatura potosina aquí en la Ciudad de México en Jaula de palabras, pues yo creo que…

LT. Armando [Adame] publica también en Alas de tigre de la UNAM…

AE. Así es. Entonces, repito, falta un mayor compromiso. Y no rescatar porque no esté perdido, sino retomar. Realmente esa generación de escritores fue parteaguas para todo lo que pueda venir. Definitivamente. Gracias a un extranjero, exiliado: Miguel Donoso Pareja. Pero, si estar en un taller implica un sacrificio, hoy en día la gente ya no sacrifica. Yo, por ejemplo, asistía al taller de Donoso en San Luis y Aguascalientes, durante cinco años, eso significó para mí un gran esfuerzo, un sacrificio por la literatura.

LT. ¿O sea eran tardes y fines de semana que te dedicabas a escribir?

AE. Sí, así es. No tenía vida nocturna. Sí, y todo el día en la facultad, además mis tareas, tenía teatro, pintura…

LT. Escultura… también haces escultura, ¿no?
AE. Sí, hago un poco de escultura en mis ratos libres.
LT. ¿Qué te llevó a escoger la carrera de Médico Estomatólogo?

AE. En casa como ya tenían un doctor, un abogado y un albañil, pues querían a alguien que les arreglara la boca, pero yo no se las atendí, se las callé, porque terminé mi quinto año y me salí. Me dijeron: “Si ya no quieres estudiar, ya no hay dinero”. Les contesté a mis papás que tenía dos manos, que ya tenía donde dar clase y un cuarto donde vivir.

LT. ¿Cómo fueron tus años en ese entonces en San Luis Potosí?

AE. Fueron drásticos, muy drásticos. Mi primer trabajo fue de prefecto en un internado de cincuenta niños: hijos de millonarios, los cuales estaban ahí por cuestiones un poquito fuertes. En lugar de darles otro tipo de educación se les tenía recluidos. Me tenía que levantar a las cinco de la mañana para poner música, checar que se bañaran, checar que almorzaran, almorzar tú, checar que estudiaran una hora (de siete a ocho), después se iban al colegio. Y después tú prepararte para irte a tu trabajo, al tuyo. Es que tenía dos. Otra vez regresar, revisarlos en la tarde, por la noche estudiar. O sea, fueron días difíciles, y aparte el taller literario. Afortunadamente Miguel cuando vio que me iba a Aguascalientes inventa un trabajo, me dijo que iba a ser su secretario; me daba muchísimos casets de esos antiguos de las entrevistas que él hacía a escritores muy importantes de Latinoamérica. Yo los transcribía y los pasaba a máquina y después él las publicaba. De estas entrevistas no sabes cuánto aprendí. ¡Ufff!

LT. ¿A quién recuerdas de los grandes?

AE. A Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, a este Niels Castro, es de la que me acuerdo más porque fue la que más me marcó por la cuestión crítica, analítica, literaria y lingüística. Aparte, leía muchísimo, porque un escritor si no lee no es nada, esa es la mejor receta: leer y escribir.

LT. Oye, pero, por ejemplo, cuando cursas en la Facultad de Psicología de la Uaslp, me imagino que cambia un poco tu estilo, porque tus personajes interiorizan demasiado…

AE. Mira, por lo general quien llega a la Facultad de Psicología es porque se quiere curar de algo. Yo llegué ahí para conformar psicológicamente mis personajes y contextualizarlos en entes vivos, aunque también necesitaba curarme. Me agradó mucho. Además, es una escuela valemadrista: mucha fundamentación causal con conocimiento y concepción de la misma, pero agradable, amena; en ese entonces, todos, hasta el director, nos hablábamos de “tú”. O sea, con toda la intencionalidad del mundo éramos amigos, encima de docentes comprometidos con la Universidad. Eso vale mucho…supongo que a veces lo mismo sucede en Filosofía y Letras…

LT. Algo parecido…

AE. Pero acá todos nos conocíamos. Y yo entré cuando había publicado dos libros, “¡Oh, Alberto!”. No. Yo vengo a aprender, yo no vengo a decir que soy escritor. Me pasa algo muy curiosos en Valles, ahorita; estoy recursando mi inglés y mi francés en un centro de idiomas y nadie me conoce. Eso es bien padre. Es bueno que nadie te pele. Soy un estudiante más.

LT. Oye, en cuanto a tus personajes, ¿se podría decir que son una especie de catarsis? Porque en ellos el drama se lleva a cabo de forma interna.

AE. Mira, hay muchísimo de autobiográfico en todos mis personajes y ni siquiera disfrazado. Uso símbolos. Alguien comentó una vez que mis textos son un poquito “intelectualizados”. No creo, yo siento, volvemos a los mismo, que es la falta de compromiso al enfrentarse a un texto, eso es lo que realmente hace mella. Si hablamos de contenidos internos, hay un miedo interior y rechazas el texto. No lo lees. También mis textos contienen la multiplicidad de todo lo que ha sucedido en mi vida: yo estuve aquí en México en el 68. No quiero hablar de eso, por lo doloroso. Trabajé aquí de office boy en una fábrica. Recuerdo que cuando trabajé ahí, siempre llegaba y me sentaba en la banqueta porque siempre llegaba antes y ahí se sentaban todos los obreros, hasta que una vez me llamaron y me sentenciaron: “¡si te vuelves a sentar en la banqueta con los obreros, te vas de aquí, porque no son iguales que tú, son menos que tú!”. Lo seguí haciendo. Todavía a veces me siento en las banquetas, no como desagravio o venganza…no, simplemente porque es agradable.

LT. ¿A qué debes este lenguaje, en ocasiones escabroso, que tiene tu narrativa?

AE. Creo que es parte de la construcción de mi estilo. Pero también quiero obligarte a ti como lector a que pienses, porque no eres un objeto que nomás viene a calentar una butaca, y ver un final: fueron novios, se casaron, qué felicidad… ¡o sea, no! ¡Ahí está Fellini, Pasolini, Ingmar Bergman! Donde el final…¡ay, wey! Te preguntas ¡¿qué pasó?! ¡No! Quieres que te den las cosas masticadas, digeridas y hechas mierda, ¡no! Tú eres quien debe de tener la última palabra porque eres un sujeto de acción que piensa y ahí es donde el lector construye el conocimiento.

LT. ¿O sea, se puede decir que a ti sí te funcionó la psicología como herramienta?

AE. Sí, mucho, sobre todo las teorías psicológicas del aprendizaje. Yo ahí dejo en los textos, como una gran sugerencia global, te siento a ti lector, tan poderoso y tan potencialmente activo que tú debes entender mi texto, pero a lo mejor, dos, tres palabras, te remueven contenidos internos, como te decía, y hay un rechazo inconsciente a enfrentarte con tu propio yo interno…y bueno, el mejor mecanismo de defensa es decir “¡Chin, es muy estrambótico, muy rebuscado, muy intelectual!”, yo siento que no va por ahí.

LT. ¿Entonces en tus textos el lector debería de comprometerse a descifrar el código?

AE. No a descifrar un código, sino a ser neutral, sin que se meta completamente en sus sentimientos ni en su inteligencia, que sea un inteligente emocional, que sepa equilibrar, lo

que él trae arrastrando y lo que se le presenta en el texto, para que así pueda comprender el contexto en general. Porque si yo, en algo, en cualquier cosa que haga, meto mi interior destruido, entonces veré u exterior destruido.

LT. Oye, otra pregunta que te quería hacer es, no sé mi interpretación, a lo mejor es mala, pero yo noto mucho de realismo mágico en algunos de tus cuentos…

AE. Es un poco extraño, porque el segundo texto del taller sí tenía demasiado realismo mágico, pero me pusieron una zarandeada. Si ya no se puede superar a Gabriel García Márquez busca otro camino, si ya no se puede superar lo campirano, pues deja a Juan Rulfo, dale otro giro. Pero yo creo que inconscientemente sí hay realismo mágico, pero un realismo que de tan mágico se vuelve terrenal, comprometedor y a lo mejor esa es la magia de nosotros como seres humanos: terrenales, mortales, no ser tan místicos, sino ser más congruentes con la realidad.

LT. Por ejemplo, no es comparación, pero tus textos me recuerdan, incluso, a la narrativa de Elena Garro, ¿la conociste o qué onda?

AE. No. Qué crees que yo siempre he estado tentado a montar La señora en su balcón y nunca se me ha hecho. En esa obra encuentro tan destrozado el personaje de la mujer… ¡Ay, Dios! Yo creo que la semejanza o identificación, si acaso la hay, es en el desgarramiento interior psicológico de los personajes, que como no queriendo sí están muy fregaditos. Y la apariencia de presencia y la esencia.

LT. También manejas un erotismo muy padre que me gustó mucho.

AE. Eso sí, a veces peco de erótico.

LT. Fíjate que en San Luis no se nos da. Eso creo. Platiqué con Armando Adame hace pocos meses, le pregunté si era digno de analizar desde el psicoanálisis, que en San Luis se manifestara poco el erotismo, en José María Facha ya lo tenemos un poco.

AE. Precisamente en el libro ese Y yo que te olvidé, a mí que no se me olvida nada, hay un cuento que se llama “Dónde y cuándo tu cuerpo” …

LT. Y hay otro que se llama “Esquina bajan”, también es muy bueno.

AE. El cuento este que te digo es exageradamente erótico, raya en lo mayor. Ese texto en el taller literario dijo el maestro Donoso: “nos piden un cuento erótico para una antología”, entonces dice Carlos Guerrero: “¡Eso no se lo pida a Alberto Enríquez, porque él no tiene ninguna experiencia sexual!”, le contestó el maestro, “¡Ay, no necesita ir a Roma para saber que está el Vaticano ahí!” y ahí se quedó. Total, escribí un cuento. Fue el mejor. Lo mandé al Premio Latinoamericano de Cuento en Puebla y ganó la mención honorifica, el jurado fue Edmundo Valadés, ¿dónde está el Alberto que no sabía nada de cuestiones sexuales? Lo que pasa es que también hay segundas caras, máscaras, facetas, interiores y no tenía por qué mostrarlo ¿no? Yo sabía mi vida y ya. ¡Fíjate, mención honorífica con ese texto y el jurado Edmundo Valadés!

LT. ¿Cuál es tu experiencia con las otras artes? En San Luis Potosí y asistí al taller del Museo de la Máscara, alguna vez escuché a Olimpia Badillo decir que las artes son muy celosas, pero tú haces escultura, pintura, teatro…
AE. Bueno, igual que literatura…eh, luego preguntan, “¿qué haces en tus ratos libres?”. Yo no tengo ratos libres y no me gusta esa frase porque no hay tiempos libres, el rato que puedas tener estás pensando, mínimo. Lo que sucede es que yo siempre he administrado mi tiempo y dosificado mis espacios, si tenía horas libres, oye, me voy al taller de grabado al Instituto de Bellas Artes y ahí aprendí…es otra manera, ¿no?

Por ejemplo, el teatro funde todas las artes: escultura, música, literatura…

LT. Danza…

AE. ¡Todo!, entonces yo decía, bueno, por qué no, tengo dos horas libres, me meto a grabado en Bellas Artes…y más con Rosa Luz Villasuso ¡olvídalo!, con Tere Caballero, con Juan Jesús Ramos, ¡aprendes exageradamente! Entonces comienzo a pintar, yo llevé un bosquejo súpersencillo y me dijeron ¡ya, con esto ya estás aquí! Porque no nomas entras y ya. Después me dediqué a la figura humana y sólo asistía a las clases de desnudo, fue lo que más me atrajo. Y ahora pinto, no figura humana, sino pintura abstracta.

LT. Otra pregunta, quisiera ya finalizar con esto para no quitarte mucho el tiempo. Acabas de escribir un libro de poemas, ¿no? ¿Piensas regresar a la narrativa?

AE. ¡Sí! Te digo, estoy haciendo un libro de cuentos breves, eróticos. Ya llevo cuarenta y dos páginas…mmmmm, yo pienso que como en marzo o abril de este año que viene, lo termino. Pero sí, la narrativa es mi fuerte, lo que pasa es que la poesía, cómo te diré…Por ejemplo, este libro de la conejita sucia…tú estás en la ventana y ves todos los días una señora que pasa, a la misma hora y la sigues con la mirada hasta que se pierde, eso te da múltiples cosas ¿no? Muchísima riqueza poética, y más si está lloviendo, si la señora viene del trabajo…

LT. Como León Felipe, ¿no? Que veía desde la ventana.

AE. ¡Sí, eso! ¡Olvídalo, no! Eh, la poesía me atrae porque es mucho más sencilla. Yo siempre a mis compañeros y estudiantes les digo que hay dos procesos en la literatura: de sensibilización y de socialización. El cuento es, para mí, más socialización porque los personajes interactúan, aunque no deja de ser sensible, pero la poesía es intimista.

LT. Pero, por ejemplo, yo veo en tu narrativa que ya casi no está presente el límite entre prosa y poesía, como lo decía Octavio Paz.

AE. ¡Ya no! Ya existe la prosa poética o la poesía narrativa, que es lo que sucede en Poemas para una conejita nocturna y sucia que voy a presentar hoy.

LT. Y en el De cuerpo entero, que yo me acuerdo que lo leí hace mucho, también es una prosa cargada de mucha poesía, ¿no?

AE. Sí, sí, sí, sobre todo imágenes poéticas, que de algún modo te agilizan y enriquecen, y bueno ¿qué es lo agradable? ¡El acto creativo! Crear con el lenguaje la situación.

LT. No, pues, ora sí la última pregunta, tú que vives en Ciudad Valles, ¿se ha rescatado lo indigenista, los mitos y leyendas de la huasteca?

AE. Sobre todo, hay mucha tradición oral. Acabo de terminar un taller literario para jóvenes de secundaria tenek y náhuatl…y español, porque ellos llevan educación trilingüe, sobre cuento y poesía. No te imaginas la riqueza cultural que hay en los textos, sobre todo en lo vivencial, lo contextual, físico y geográfico del lugar, del arraigo y del sentido de pertenencia que tienen a su tierra, en el amor a sus tradiciones, sus rituales. Además, son exageradamente celosos y fieles a su creador. Trabajar con este tipo de jóvenes no sabes lo que significa

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