En Querétaro las autoridades impusieron un veto a Gerardo Ortiz por interpretar narcocorridos en espectáculos públicos, como parte de una política estatal que prohíbe cualquier manifestación musical que haga apología del delito o exalte figuras ligadas al crimen organizado.
La sanción se aplica tanto en conciertos como en ferias y otros eventos masivos. El gobierno estatal advirtió que los artistas y organizadores que incumplan estas restricciones pueden recibir multas de hasta un millón de pesos y enfrentar la suspensión inmediata de sus eventos.
Multas millonarias y antecedentes recientes
La regulación que prohíbe los narcocorridos en Querétaro no es nueva. Desde años anteriores, los reglamentos municipales y estatales establecieron que las canciones que promuevan la violencia o actividades delictivas quedan fuera de cualquier espectáculo.
Un año atrás, el cantante Edén Muñoz recibió una multa de 600 mil pesos tras interpretar un fragmento de un tema considerado apología del delito durante su presentación en el Auditorio Josefa Ortiz de Domínguez. Este caso sentó un precedente, pues las autoridades reiteraron su postura de mantener el orden en los recintos públicos.
El pasado viernes 15 de mayo del 2026, Gerardo Ortiz se presentó en la Feria del Grano y la Cantera celebrada en el municipio de Pedro Escobedo para conmemorar la fundación de la ciudad, pero el famoso cantó canciones que hacen apología al delito y a la delincuencia.
Las reglas en Querétaro exigen que los organizadores y promotores entreguen con anticipación el repertorio musical que se interpretará en cada evento. Si durante el concierto se detectan canciones que ensalcen la violencia o el crimen organizado, las autoridades pueden clausurar el recinto de forma inmediata.
El incumplimiento puede derivar en multas de hasta 10 mil UMAS, equivalentes a más de un millón de pesos. Además, los artistas reincidentes pueden ser vetados y perder el derecho a presentarse de nuevo en el estado.
Las autoridades estatales argumentan que los narcocorridos alteran el orden público y pueden influir negativamente en los asistentes, especialmente jóvenes. El objetivo es evitar la normalización de la violencia y proteger la seguridad durante espectáculos masivos. El repertorio debe apegarse a lineamientos claros, y los promotores asumen la responsabilidad de vigilar su cumplimiento, además de firmar convenios donde se comprometen a evitar este tipo de temas.

