Hace unos días, la administradora del edificio donde se encuentra la oficina de CNN en La Habana llamó a nuestra puerta con un mensaje urgente: necesitaba saber si vendríamos a trabajar durante la “inminente” invasión estadounidense.
La intensa campaña de presión de Washington sobre Cuba ya se sentía profundamente en la vida cotidiana. Bajo el actual bloqueo petrolero de EE.UU., la electricidad se corta en nuestras oficinas varias veces al día. La crisis económica agravada significa que no hay combustible para el generador del edificio, ni siquiera papel higiénico para los baños. Todos los días paso junto a un enorme árbol de Navidad artificial en el vestíbulo que nadie se ha molestado en desmontar.
Pero ahora la administradora del edificio me dijo que le habían encomendado “órdenes de arriba” —como todos los edificios de oficinas en la ciudad, es propiedad del Estado— para elaborar un plan para el lugar en caso de un ataque imperialista. Es decir, un ataque estadounidense (la administración Trump no ha dicho que esté planeando ninguna operación militar en Cuba).
Los cubanos han vivido con la amenaza de una acción militar estadounidense durante tanto tiempo que se ha convertido en una broma negra. “Cuando vienen los americanos” es la expresión que los cubanos emplean con su característico humor negro para decir cómo un problema de larga data —de los cuales hay incontables— algún día se resolverá.
Ahora realmente parece, de una forma u otra, que los americanos vienen.

